La honradez, ¡Por qué vale la pena!


Muchas veces, quien se esfuerza por ser honrado se pregunta si vale la pena, pues lamentablemente no son pocos los que ven la honradez como una desventaja, especialmente en el mundo de los negocios.

Muchos empleados se desaniman al querer ser honestos, pues en su trabajo es común tener que mentir o falsificar datos. Algunos piensan que no tienen más remedio que seguir esa corriente o, de lo contrario, tendrán problemas. Parece que se ha naturalizado o normalizado el no decir la verdad si esto no le conviene a uno o a su empresa. Y algo que empeora la situación es conocer las noticias de escándalos como consecuencia de los datos falsificados por empresas e instituciones públicas que se han lucrado de forma deshonesta.

Sin duda, la falta de honradez más común es la mentira. En un estudio que llevó a cabo hace algunos años el doctor Robert Feldman, psicólogo de la Universidad de Massachusetts, se llegó a la conclusión de que el 60% de los adultos mienten al menos una vez en el transcurso de una conversación de diez minutos. “El resultado nos llamó mucho la atención —comentó el doctor Feldman—. No imaginábamos que mentir fuera algo tan frecuente en la vida diaria”.

¿Por qué será que, aunque todo el mundo odia que le mientan, la mentira es tan común? ¿Qué impacto tiene la falta de honradez en la sociedad?

La falta de honradez nos afecta a todos

Hay quien llega a razonar: “En ocasiones, mentir un poco te puede sacar de un apuro”. La verdad es que todos nos hemos encontrado más de una vez en una situación comprometedora. Sin embargo, nuestra reacción ante situaciones que nos empujan a ser deshonestos pondrá de manifiesto la clase de persona que somos. Por ejemplo, si lo que más nos importa es quedar bien siempre, es probable que recurramos a mentir para excusar u ocultar una mala acción pensando que el fin justifica los medios.

El libro The (Honest) Truth About Dishonesty (La [honesta] verdad sobre la deshonestidad) comenta: “Básicamente, engañamos hasta el grado que podamos seguir creyéndonos personas honestas”. En definitiva, quien actúa así se está engañando a sí mismo.

Ahora bien, cuando la verdad sale a la luz hay que enfrentar las consecuencias de haber mentido. Y, cuando esto sucede, la realidad es que la situación es peor que en su principio. Podemos ilustrar la falta de honradez con una bola de nieve. Al principio es muy pequeña, pero según va rodando y avanza se va haciendo más grande, más peligrosa y difícil de controlar. Igualmente, se comienza con una mentira pequeña, pero esta se va haciendo más y más grande, dado que, para tapar la primera mentira, hay que seguir mintiendo y mintiendo hasta que se hace como una enorme bola de nieve, incontrolable.

Tan solo un par de ejemplos de sus malos efectos y alcance:

La mentira destruye la confianza y es contagiosa

La confianza es la base de toda relación, pues permite que sea estable y segura. Pero, no surge de la noche a la mañana y requiere mucho esfuerzo y tiempo conseguirla. Sin embargo, todo este esfuerzo y tiempo se puede perder con tan solo una mentira o cualquier acción similar. Y una vez se ha perdido es muy difícil recuperarla. Queda claro que la falta de honradez puede destruir hasta las relaciones más estrechas, tanto personales como de negocios.

Por otro lado, es lógico que al pasar tiempo con las personas nos contagiemos de sus hábitos, sean estos buenos o malos. La deshonestidad, igual que un virus, es contagiosa. Cuanto más tiempo pasemos con personas que acostumbran a mentir más probable es que nosotros acabemos mintiendo. Piénsalo. ¿Te ha sucedido?

Ser honrado vale la pena

A la mayor parte de las personas nos agrada estar con gente confiable y honesta. Nos hace sentir bien, seguros y relajados, pues no necesitamos estar en guardia. Y la mayoría reconoce que no hay que ser deshonesto y que mentir no está bien. Es más, se produce una lucha interna pues deseamos ser el tipo de personas confiables con los que otros quieren estar.

Por ello, la próxima vez que nos veamos tentados a no ser honrados pensemos en que no tenemos por qué ceder, como si no hubiera otra opción. Siempre hay otra opción. Es más, nosotros tenemos el control de nuestras acciones y la decisión de hacer lo correcto es solo nuestra. Ser honrado es una elección que tomamos nosotros y cada vez que elegimos hacer lo correcto ganamos la batalla a una sociedad deshonesta.

La recompensa

Para ser honrado a veces tendremos que ser valientes. Pero al final nos ganaremos la confianza y el respeto de los demás. La recompensa de ser honrado es tener una conciencia tranquila, paz interior y el respeto de otros, aunque también nos respetaremos a nosotros mismos. ¿Verdad que vale la pena?

En Mupiti estamos convencidos de que sí que vale la pena. Sabemos que la honradez y la transparencia son el abono de la confianza y el respeto por lo que hacemos. Y esa es nuestra seña de identidad y compromiso con nuestros mutualistas.

En Mupiti, apostamos y divulgamos los valores que, además, favorecen la salud mental, emocional y física.

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